Clínica Psicoanalítica

Del tipo clínico al caso particular. Una Neurosis Obsesiva: El caso del Hombre de las Ratas. Rosa Lagos

La clínica psicoanalítica es estrictamente una clínica del caso por caso, es decir a una determinada entidad clínica no le corresponde una acción específica, sino que ésta va a depender  del saber que se revela en la sesión analítica, entonces se trata de un saber a construir que va a surgir bajo transferencia, en la relación del sujeto con el analista. No hay saberes previos ni modelos a seguir.

Lo que Freud nos lega, fundamentalmente, no es la enseñanza de una técnica específica, sino la enseñanza de los casos, a través de los cuáles muestra el descubrimiento del inconsciente, no como objeto, sino como una relación original con el saber.

En este sentido, indica también  en  su artículo Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912) que “se ve obligado a decir expresamente que esta técnica ha resultado la “única adecuada” para su individualidad y “que no se atreve a poner en entredicho que otra personalidad de diferente constitución prefiera otra actitud frente a los enfermos y a las tareas a resolver”[1], mostrando de esta manera la flexibilidad en la aplicación del método analítico.

También  Freud nos alerta que con cada caso hay que partir de cero. Sin embargo Freud nos deja los tipos clínicos, histeria y obsesión, útiles  en cuanto a que su estructura muestra la forma en que está organizada la subjetividad con relación al Otro, inferida de la relación que el sujeto establece con el lenguaje, en particular con un significante que Lacan designa como el Significante del Nombre del Padre, y por consiguiente con el deseo, pero cada uno de ellos va a presentar características que le son propias.

Entonces en la cura analítica tenemos un movimiento que va del tipo clínico al caso  particular, en el cual encontramos que el sentido del síntoma de un sujeto y las coordenadas que lo sostienen, no sirven para explicar el mismo fenómeno en otro sujeto, aunque ambos presenten la misma estructura y el mismo síntoma. Cada uno tendrá su propia escritura y no sirve para tipificar una clínica universal sino que siempre particular.

Pero ¿qué es una cura analítica? La respuesta de Freud es “hacer consciente lo inconsciente” partiendo de una concepción de sujeto que tiene una profundidad inconsciente reprimida y que el analista con su praxis tiene que desenterrar haciéndola aflorar a la conciencia por vía del desciframiento

La tesis de Lacan es diferente, el inconsciente sigue siendo lo fundamental en la cura, pero hace un viraje de lo profundo a la superficie, y nos dice que el inconsciente es un saber  que no está en las profundidades, el inconsciente no hay que ir a buscarlo a ninguna parte, se nos presenta en el lenguaje, en el sujeto que habla, sujeto en tanto sujetado al significante, determinado por él, específicamente en la distancia que hay entre lo que dice, el dicho mismo, el significante enunciado y el querer decir, la enunciación.

Esto por un lado y por otro, la cura analítica de orientación lacaniana es el tratamiento de lo real por lo simbólico, es decir develar la satisfacción pulsional que está implicada en el síntoma, la fijación de goce a través del lenguaje, poniendo en tensión lo que se dice, el dicho con lo que se quiere decir.

En el caso que hoy nos convoca, paradigmático en cuanto a su estructura, tenemos un sujeto que llega a la consulta de Freud  por padecer de representaciones obsesivas ya desde la infancia, pero con particular intensidad desde hace cuatro años, con temores de que le suceda algo a dos personas queridas: su padre y una mujer a quien admira, acompañados de impulsos obsesivos, (por ejemplo, a cortarse el cuello con una navaja de afeitar) y de múltiples prohibiciones. La lucha contra esto le ha hecho perder años de su vida. [2].

En la primera entrevista le hace saber a Freud que acude a él por haber encontrado en su libro Psicopatología de la vida Cotidiana, el esclarecimiento de unos raros enlaces de palabras semejantes a sus “trabajos de pensamiento” refiriéndose a sus pensamientos obsesivos. Para luego en la segunda sesión decirle: “Quiero empezar hoy con la vivencia que fue para mí la ocasión directa de acudir a ud…” con gran resistencia  relata el suplicio de las ratas.:”el condenado es atado, sobre su trasero es puesto un tarro dado vuelta, en éste luego hacen entrar ratas (Ratten) … que penetraban. En el ano, completa Freud. Continúa el paciente “en el momento me sacudió la representación de que eso sucede con una persona que me es cara”.

Quiero detenerme en este punto para resaltar la importancia fundamental que el significante rata –RATTEN- tiene para este sujeto, nudo de goce a partir del cual se puede ordenar su particular neurosis obsesiva, si bien, en la contingencia del encuentro con este relato no hace eclosión su neurosis, pero si actualiza sus temas y suscita la angustia.

No en vano Freud, con su genial intuición, titula su exposición del caso como El hombre de las ratas, significante que condensa la raíz de la fijación pulsional, y de la tensión agresiva que le caracterizan en lo particular. Por ejemplo, la pérdida de los quevedos, este tipo de gafas en alemán es un equívoco que también refiere al verbo “torturar”, así vemos que el significante utilizado está determinado por la fijación pulsional, el significante queda determinado por el objeto a.

El significante RATA queda enlazado en la serie de significantes presentes en la  historia infantil de este sujeto marcando  su destino.

Como veremos no es al azar que esta palabra adquiere esta relevancia para este sujeto, hay una constelación subjetiva precedente que le lleva al desarrollo último de su sintomatología obsesiva.

Pero volvamos al caso, la imagen del suplicio de las ratas  le genera el temor compulsivo a que esto le pudiese suceder a la mujer amada, mujer pobre e idealizada, y también al Padre, aunque estuviese muerto.

El padre, un suboficial, pasa a ser determinante en la organización de la neurosis de este paciente por dos acontecimientos que dejaron su marca y que se anudan al significante rata:

Por un lado, el padre, realiza un casamiento ventajoso – HEIRATEN- con la madre del paciente, quien pertenecía a un nivel superior en la escala social. Ellos juegan con un diálogo que impresiona profundamente al pequeño Ernest: la madre se juega con  su marido recordándole cuan enamorado estaba antes de casarse de una linda joven pero pobre, a lo que el marido exclama y afirma en cada ocasión, que se trata de algo tan fugitivo como lejano y olvidado.

Y, por otro lado, este padre tuvo serios problemas en su carrera militar por dilapidar los fondos del regimiento en deudas de juego – SPIELRATTE- jugador empedernido, literalmente rata de juego,(o.c.p.165) es el préstamo de un amigo quien salva su honor, pero sucede que esta deuda que queda sin pagar, -RATEN- (cuotas)  situación que también marca a este sujeto.

Sin embargo, al modo particular del obsesivo, el paciente no une, no relaciona estos acontecimientos con nada de lo que le ocurre en el momento en el que acude a análisis, aunque aquí se encuentran los elementos esenciales alrededor de los cuales se organiza su subjetividad.

Tenemos así, que este inocente relato que oye de parte del capitán N, actualiza los temas de su neurosis, Freud dice al respecto: “En el cuento del capitán, el destino le había convocado, por así decir, una palabra-estímulo de complejo (se refiere a la asociación de palabras,), y el no dejó de reaccionar frente a ella con su idea obsesiva” (o.cit. p.169).

Así sucede con el tema del casamiento, en el empuje que hace el padre para que sustituya  la mujer pobre por la  mujer rica, la solución que ofrece el síntoma es la postergación, ni lo uno ni lo otro, de este modo elude resolver la alternativa.

También con la cuestión de la deuda adquirida por la compra de los anteojos. El síntoma se construye como  un embrollado tejido de ires y venires sin sentido, como elaborada estrategia para no saber nada de su deseo.

En las primeras entrevistas, Freud  pone en juego el manejo de la transferencia, Paul le cuenta en detallado relato su vida sexual, a sabiendas que es el tema que ocupa a Freud, pero este escucha y sólo hace conjeturas que no comunica al paciente, (por ejemplo, la tendencia homosexual deducida tanto por la relación con el amigo a quien le contaba sus penurias, cómo por la decepción con el joven en su adolescencia, y por el recuerdo de la gobernanta por su apellido masculino Peter, también identifica sus acentuados rasgos voyeuristas). Este silencio podemos leerlo como el intento por instaurar una pregunta por parte del paciente.

Freud entonces no responde desde el lugar que el paciente le supone, y por no responder, Paul no sabe lo que desea de él, Freud no cae en la trampa de la especularidad yoica, se coloca desde un principio en el lugar   de ser causa del deseo del paciente por saber de su inconsciente, con su silencio abre el enigma en el sujeto. Esto también queda bien ilustrado en la indicación clínica que hace Freud en la cuarta sesión cuando recibe al paciente diciéndole ¿cómo proseguirá ud. hoy?, señalando así la abstinencia a la que se somete en cuanto a no mostrar curiosidad ni deseo por algún tema en particular, dejando lugar sólo al deseo epistémico.

Se ha criticado que Freud adoctrina al paciente al explicarle el concepto de resistencia y además proporcionarle algunas premisas sobre la terapia psicoanalítica (p.139)  pero, con una mirada más atenta, nos damos cuenta que es todo lo contrario, son intervenciones  que están destinadas a hacer existir el inconsciente y a relanzar la asociación libre.

Freud no interpreta  cuando el sujeto interrumpe su relato de las ratas, poniéndose de pie y rogándole dispensarlo de los detalles, pensados como signos de resistencia, sino que comprende perfectamente el juego seductor que se libra en lo imaginario y se abstiene de darle un sentido, simplemente lo invita a continuar.

Freud le aporta la palabra que le falta, le dice: “en el ano” palabra elidida, sustraída de la cadena significante, que denota la cercanía del objeto a, es alrededor del orificio anal donde se juega lo pulsional en este sujeto.

Mientras realiza el relato del suplicio, Freud identifica en el rostro del paciente “el horror ante un placer ignorado por él”, momento de encuentro con su propio goce ignorado ante el cual se horroriza, pero aquí Freud tampoco dice nada al sujeto. Esta es una de las pocas ocasiones en que Freud usa la palabra goce, que luego Lacan desarrollará para definir aquello en lo que un sujeto satisface su pulsión más allá del principio del placer.

En esta sesión el sujeto relata haber recibido los lentes que había pedido por correo y que debería pagar. Esto se transforma en una confusa narración acerca de pagar esa deuda a quien no debe, resaltando aquí la maniobra obsesiva de anulación en dos tiempos, un primer tiempo la intención de no pagar la deuda  de lo contrario sucedería “aquello” refiriéndose a que el suplicio de las ratas caería sobre su  padre y la dama, seguido por un segundo tiempo en el que aparece el mandato “Tú debes devolver el dinero al Teniente Primero A”, anulando así el primero mandato.

Freud hace notar que al final de la sesión el paciente se comportó atolondrado y confundido, llamándolo repetidas veces  “señor capitán”.

Aparece aquí por primera vez la  división de este sujeto, como efecto del relato del suplicio de las ratas y de la posición de Freud frente a él, por un lado le conmina a vencer la reticencia a contarlo y por otro le aclara que él no es cruel y que no es su intención atormentarlo, quedando así enfrentado el sujeto a su particular modalidad de satisfacción pulsional,  a su goce ignorado, relacionado con la pulsión anal.

El efecto que esto tiene  es la producción de angustia, señal inequívoca de este encuentro con lo real, expresada en la confusión y en el repetido lapsus  de nombrarlo como Sr. Capitán. Aquí Freud tampoco interviene a propósito de esta perturbación en el paciente, como dije, signo inequívoco que algo de lo real se ha tocado,  simplemente le deja irse hasta la otra sesión.

En la tercera sesión, Freud tiene la oportunidad, después de escuchar la detallada comedia sobre la virtual devolución del dinero, de desenredar las desfiguraciones del relato y le hace ver que se había escamoteado a sí mismo y a él las circunstancias tal como eran, esta intervención produce una rectificación subjetiva, el sujeto cambia su perspectiva y admite que todo el entramado para el pago de la deuda es un sinsentido absurdo.

Este esclarecimiento lo llena de angustia, dice Freud al respecto: “convengo que tras esta rectificación su comportamiento se vuelve todavía más disparatado e incomprensible de lo que era antes”.

Freud se enfrenta en este intrincado caso a los obstáculos que ofrece la neurosis obsesiva, el síntoma obsesivo se presenta como “bastándose a sí mismo”, principalmente por la dificultad del sujeto en interrogarse por la causa, su discurso controlado, armado, sin división, el obsesivo no quiere saber nada de su división, coloca al analista en una posición de observador de sus laberínticas hazañas, dejando un estrecho margen de intervención.

Las dificultades en el curso de la cura de un sujeto obsesivo, como muy bien lo expone este historial,  se encuentran precisamente en los mecanismos que emplea para evitar la angustia, que convierten su discurso en un hueso duro de roer. Freud, a propósito de esta dificultad dice: “Por desgracia no puedo reproducir la peculiar indefinición de todos sus dichos”, mostrando así la particular forma en la cual el obsesivo construye su relato; el obsesivo utiliza la elipsis, construcción lingüística que desfigura el relato por omisión de algunas palabras.

El obsesivo entonces se presenta amurallado detrás de sus síntomas que, como dije antes, si bien lo torturan, la interrogante por ellos no aparece fácilmente, sutura que muestra el rechazo del sujeto, modo obsesivo de la represión. (Miller, J. H2O).

Esta característica es estructural para el obsesivo, como bien lo estableciera Freud, su enfrentamiento a las dos tendencias contrapuestas se resuelve satisfaciendo una después de la otra, intentando crear entre ellas un nexo lógico, un eslabón entre ellas, pero al precio del sin sentido, comprobado en lo absurdo de sus compulsiones y prohibiciones.

El obsesivo conforma un debate consigo mismo, intrasubjetivo, con un denso y consistente sistema de ideas, pensamientos que hacen intrusión y contra los cuales el sujeto tiene que luchar, forjándose así una cárcel de prohibiciones y castigos como lo vemos en el hombre de las ratas.

El aislamiento que sufre la representación psíquica de su correspondiente afecto, en el cual el sujeto percibe y comunica determinada idea cómo si esta careciera de importancia, como si la idea no le dijera nada, hace necesaria la puesta en marcha de una atenta escucha para escandir en el momento preciso, de tal modo  que esta posición se mueva y  pueda caer dejando al descubierto el deseo que se atrinchera en ella.

Se ilustra en  este caso, a propósito del momento en el cual el padre lo empujaba a casarse con la mujer rica, tocando su conflicto mujer rica /mujer pobre, cuando él le acota a Freud “le digo aquí algo que ciertamente no tiene ninguna relación con todo lo que me ocurrió” . Entonces, Freud se da cuenta de inmediato de la relación existente, lo delata efectivamente el uso de la negación, signo de la aparición del sujeto del inconsciente que en la enunciación dice “si, tiene relación” con lo que le ocurre y allí encuentra la causa de la eclosión de la neurosis propiamente dicha, la actualización del deseo prohibido, casarse con la mujer pobre, con su cortejo de argumentos compulsivos para volverlo un deseo lógicamente imposible, propio del obsesivo.

no es que el padre profiriera la prohibición propiamente tal sino que está presente en el deseo que se jugó en la historia infantil, en la elección de objeto que hace el padre)

Queda revelado en el curso del análisis el goce anal cifrado  en el significante rata, en la serie significante que se va a deslizar por diferentes significados: dinero, casamiento, hijos, heces, pene, rabo de rata, roedor sucio que muerde, pero no es la construcción de esta serie la que resuelve la obsesión, la obsesión desaparece cuando el hombre de las ratas puede reconocerse en la rata, que es él mismo,  es en el reconocimiento de su implicación que puede realizar la rectificación subjetiva que le llevará a la resolución del síntoma.

Lo que nos enseña este caso excepcionalmente descrito es que lo esencial de abordar en el tipo clínico del obsesivo es su relación al padre, a lo real del goce y a la deuda simbólica, quedará por verse en el caso particular cómo es que se juegan estos grandes temas.


[1] Freud, S. (1912) Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico. Obras Completas. Volumen XII. Pag. 111. Editorial Amorrortu.

 

[2] Freud, S. Del historial clinico.

 

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